Tiempos híbridos, negocios híbridos

Hasta hace poco, el término híbrido podía identificarse con prototipos e impactos tecnológicos, formatos de negocio o el proceso de automatización automotriz en ascenso, para citar solo algunas posibilidades. Sin embargo, más recientemente, la hibridez se ha comenzado a posicionar en espacios inusuales.

La reciente crisis entre la Unión Europea (UE) y Bielorrusia ha sido calificada por la UE como “ataque híbrido”, y el concepto de hybrid warfare está generando, ya hace buen tiempo, un entendimiento cualitativamente distinto de la guerra, la paz y los conflictos en las cuatro partes del globo, precisamente por su acepción de conjugarse en un producto elementos de distinta naturaleza. Ese dato no es menor, el entorno y el accionar empresarial ha sido referido e interiorizado convencionalmente como una campaña militar, una estrategia guerrera o un procedimiento táctico operativo. Las similitudes entre lo guerrero y lo emprendedor están a la vista. Basta revisar a Sun Tzu o la moraleja de La Fontaine del perro y el lobo (emprendedor) para saber el impacto de la antigua tradición de acción, fiereza, libertad experiencial y vencer – por sobre todo – en el teatro (de operaciones) empresarial.

Pero si la guerra y los conflictos cambian como resultado de la hibridez, ¿las empresas pueden seguir manejando las añejas analogías y comparaciones con el espacio guerrero sin confrontar percances o malos resultados? Pues, parece que no. Si la hibridez se erige como un concepto capaz de impactar en las vidas de las personas en diferentes campos sociales, las empresas deben tomar en cuenta que el entorno de negocios no es inmune a dichos cambios o condiciones alteradas por distintas e insospechadas influencias – tanto en un plano individual como colectivo.    

A mi juicio un enfoque de negocios híbrido requiere incorporar las capacidades aumentadas y en particular buscar como logros de competencias en los nuevos emprendedores esa “capacidad de resiliencia para enfrentar nuevas crisis desconocidas” (Informe de Desarrollo Humano, PNUD, 2019). La hibridación en este caso tiene que ver con la generación metamórfica de los nuevos conflictos y amenazas. En efecto, desde los “chalecos amarillos” hasta las zonas cero emisiones, el cambio de la matriz energética es indudable e indetenible. Las cadenas de suministro globales están siendo impactadas por cuestiones energéticas, pandémicas o políticas (por ejemplo, el caso post Brexit en Reino Unido). Nueva Delhi ha determinado un confinamiento por contaminación del aire. ¿Qué tienen en común Texas y el Líbano? Apagones de luz. En tanto, en Austria se ha alertado en noviembre de 2021: “la cuestión no es si habrá un apagón sino cuándo”. La COP26 casi se desploma – ¿o tal vez, se queda sin aire sería una frase más atinada? – por una palabra: carbón. 

Esas nuevas condiciones, esas nuevas amenazas, pueden surgir en cualquier lugar del globo y en cualquier momento, y al hacerlo todas las estrategias empresariales pueden resultar insuficientes si la hibridez no comienza a ser anticipada, prevista y gestionada. Del eje socio ambiental de conflictos estamos pasando al eje socioeléctrico. De las zonas de guerra, inseguridad o violencia delimitadas, explícitas y temporales de antaño, hemos sido acostumbrados cada vez más a zonas mixtas, opacas y atemporales. Prepararse para la conmoción, para la crisis desencadenada, para la alteración absoluta de los flujos normales y tradicionales parece una buena cosa, y además una sensatez necesaria en tiempos inciertos e inseguros.

Bienvenidos a los tiempos híbridos, donde la prueba constante (ahora por fuera del laboratorio), la mezcla y la fusión en todos los campos, comparten roles estelares con una ciudadanía pasmada por cambios abruptos y desafiantes, y un acervo tecnológico con pretensiones dirimentes y totalizadoras. Ese pareciera un buen elenco del nuevo paisaje híbrido.   

Una segunda cuestión con los tiempos híbridos es el generar un pensar híbrido. Funcionalidades, eficiencias, articulaciones, resultados, sufrimientos, pérdidas, racionalidades, todo, absolutamente todo, debe ser abordado con el prisma híbrido, para estimar su valía, pertinencia o subsistencia. Bienes, artefactos, estilos, rutinas, performances, criterios, deben ser objeto de evaluación constante para determinar su efecto coordinador o su empobrecimiento vital. Pongamos como ejemplo un coche (automóvil). Antaño, sinónimo de libertad expansiva, de organización familiar y laboral, de ejercicios mentales y físicos – piénsese en las reparaciones mecánicas o las representaciones autónomas de mapas de viaje -, de prestigio y reputación en gama ampliada. Por efecto de la digitalización de la vida, el coche cada vez más se está convirtiendo en un espacio heterónomo, poco saludable, disfuncional y restrictivo en tiempos de pandemias, confinamientos, crisis y desprotecciones que emergen como hongos por todas partes. ¿Eso lo descarta como artefacto protético y de apoyo?, claro que no, pero hace necesario que tomemos una distancia racionalizadora, a fin de evitar que nos complique y entontezca por su impacto en el nivel cognitivo, a medida que la electricidad y la automatización nos hagan prescindibles como conductores en su interior, algo que aceleradamente ya está en curso.  

Si eso pasa en nuestras vidas, en los emprendimientos, en nuestros roles de dirección, coordinación o apoyo no puede ser diferente. Lo que funciona hoy complicará mañana, la rutina de la semana pasada será el caos del mes entrante, el formato aparente en un contexto tiene las horas contadas para seguir rindiendo de manera adecuada al poco tiempo. La precariedad y la contingencia son cada vez más acuciantes e intensas, incorporar la recomendación de Spinoza será útil para estos tiempos híbridos: saber que en esta vida vamos a sufrir y vamos a morir es una buena receta para ser feliz. Del mismo modo, saber que en cualquier momento y en cualquier lugar las cosas pueden complicarse y estallar súbitamente nos hará buenos gestores. Recordemos que las metamorfosis no son espectaculares, manifiestas y previsibles. Todos nuestros conocimientos adquiridos sobre cálculo, prospectiva y talante emprendedor han sido poco útiles durante la presente pandemia. El estoicismo consumista e individualista no parece una buena y aconsejable ruta aun cuando puede ser muy extendida y replicada. La cooperación pragmatista, la ganancia precaria, las nuevas aptitudes emocionales, la diferenciación de la imagen, nos parecen recursos calificados para acometer los tiempos híbridos.  

Probar contextualmente, imaginar desde la precariedad, conmover(se) reflexivamente, he ahí un curso de acción coherente para los tiempos híbridos que corren, en los que has de cambiar tu vida, y en los que deberás hibridar, para no perecer.

Mario Barboza

Centro de Investigaciones Tecnológicas Biomédicas y Medioambientales (CITBM). Visiting Research Fellow Wolfson Institute of Population Health, Queen Mary University of London.

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