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El proceso de financiación de una startup, ¿por qué existe tanta confusión?

Fernando Moroy | 11 enero, 2021

La financiación de una empresa es un proceso crítico en la gestión de la misma. Dicho proceso es todavía más relevante en el caso de una startup o empresa de reciente creación.

Algunos aspectos en relación con este tema son de importancia crítica y suelen producir cierta confusión. Lo primero que hay que decir y recojo palabras del gran y pionero inversor privado (Business Angel) Luis Martin Cabiedes, es que emprendimiento y financiación son dos cosas completamente diferentes. Se lanza un proyecto de emprendimiento porque se identifica una “necesidad (pain factor)” que el emprendedor considera que podría elaborar una propuesta de valor mejor que la oferta actualmente existente.

En este proceso hay elementos críticos como el equipo, la innovación y la tecnología que forman parte de la ejecución de la idea. Es evidente que la prueba de fuego de la idea y la primera ejecución de la puesta en marcha son tener clientes, ventas y cobros. Este esquema no se mezcla con la financiación. De hecho habría que remarcar a los emprendedores los dos principios capitales de la gestión empresarial:

  • No hay mejor financiación que la que no se necesita.
  • No hay mejor financiación que la que deriva de las ventas y cobros de los clientes.

Fases del proceso financiero de una startup

Primera fase

Las empresas tienen una analogía antropomórfica, nacen, crecen, se desarrollan y ojalá no mueran. Para la primera fase, creo que es necesario tener un plan. En la academia le llamamos «Business Plan«, puede tener un formato tradicional o alguno más moderno a través de la herramienta del Canvas.

Un business plan debe ser el resultado de haber pasado mucho tiempo a solas con tu proyecto. En dicho Business Plan, hay un apartado esencial relativo al plan financiero, en definitiva a entender los flujos de caja derivados de ingresos y gastos de la startup así como de sus necesidades de capital.

En dicho plan financiero y en esta primera etapa, los socios fundadores deben reflexionar sobre cuánto dinero necesitan para la puesta en marcha de la startup, en definitiva qué activos van a tener que utilizar y financiar. Esta previsión es crítica porque va a condicionar el plan de financiación de la misma.

Además, salvo que los fundadores tengan exceso de recursos (infrecuente en la mayoría de las startups), hay que ser muy riguroso respecto a esa necesidad de activos para el arranque. Los negocios no van de tener activos, sino de ganar dinero. Cada activo que la empresa requiera en propiedad, alguien lo tendrá que financiar, con recursos propios o recursos ajenos, pero en definitiva con coste. Los activos de la empresa, los necesitamos para elaborar la propuesta de valor, pero no tenemos que tenerlos en propiedad.

Segunda fase

Definido el plan de inversiones (los activos y la caja) para arrancar el negocio, hay que pensar en el plan de financiación. Queda por tanto claro que las necesidades de financiación del arranque inicial de una startup están condicionados por el plan de inversiones que hemos dicho que necesitamos para ese lanzamiento inicial. Hay que ser claros, una parte importante de ese plan de financiación, hoy en día como mínimo el 50% lo deben aportar como fondos propios los socios fundadores (incluido su entorno de family and friends).

Parece adecuado que los socios fundadores, además de su ilusión, idea, trabajo de lanzamiento, etc., se “comprometan” con el proyecto en el ámbito financiero. Además un ratio de apalancamiento moderado permitirá a la startup una salida de flujos de caja reducidos para pagar la deuda. De hecho, esta situación de financiación de la startup se parece mucho a lo que pasa en la vida real según el mejor estudio de emprendimiento que se hace en España y a nivel mundial como es el GEM (Global Entrepreneurship Monitor).

¿Ese 50% adicional, tendría forma de deuda o de recursos propios?

Se podría afirmar que el proceso de financiación de una startup es un proceso ordenado, el orden de los factores sí altera en este caso el producto. Primero deuda y luego capital (equity). Las razones parecen ser contundentes:

  • Tener deuda no es malo, en la academia enseñamos que abarata el coste medio de los recursos del pasivo, disminuye el WACC (weigthed average cost of capital) y con ello la rentabilidad económica exigida a los activos para crear valor en la empresa. Un límite, no escrito pero real desde la prudencia financiera sería que siempre la empresa tenga un porcentaje mínimo del 50% de recursos propios sobre el total pasivo.
  • La deuda hay que repagarla de acuerdo con las condiciones y plazos del contrato de préstamo pero tiene la ventaja que, al menos en esta fase de la empresa, no interfiere en la gobernanza de la startup. Los socios fundadores no tienen ninguna limitación en relación con las decisiones estratégicas y operativas que pueden tomar sobre la misma (esto no será así de cierto cuando den entrada a un inversor privado-business angel).
  • En esta fase inicial de lanzamiento de la startup, ésta puede tener ya un prototipo, los primeros clientes y ventas pero claramente no tendrá EBITDA positivo ni flujos de caja positivos.
  • Finalmente hay una última razón, tal vez la de mayor peso a nivel práctico y es que en España es muy difícil encontrar capital de inversores privados que entren en esta fase tan tempranísima.

En caso de que existiera un inversor privado dispuesto a entrar en el capital a cambio de un porcentaje de la startup, ¿cómo valorar la empresa y con ello el porcentaje a ceder a cambio de su inversión?. Además si la startup es exitosa, necesitará acudir a rondas de financiación posteriores, ¿si muy pronto los fundadores “soltaran” porcentajes altos de la empresa, que les quedará para las rondas siguientes?. Por el contrario la deuda no diluye la propiedad de los socios fundadores.

Financiación a través de la banca comercial tradicional

Luego, parece que el 50% de los fondos necesarios del plan de financiación que no han puesto los socios fundadores y su entorno extendido, debiera ser deuda. ¿Podemos ir a solicitar esta financiación a un proveedor bancario de banca comercial tradicional?. Si entendemos de qué tipo de financiación hablamos, la respuesta es claramente no. La financiación que reclama el emprendedor desde la demanda es:

  • Al mayor plazo posible para disminuir la carga total de amortización e intereses del mismo, estamos hablando de plazos por encima de tres años.
  • En condiciones blandas de tipos de interés (esto hoy en día con la actual política monetaria europea no es un problema relevante),
  • Sin garantías (collaterals) adicionales personales de los emprendedores o de terceras personas, la garantía suficiente debiera ser el proyecto, el empuje, dedicación y compromiso de los socios así como el 50% inicial que han aportado (algunos bancos llaman financiación del emprendimiento a operaciones de préstamos en la que piden garantías personales de los socios y de terceras personas).

Financiación de origen público

Es evidente que en esta fase inicial la banca comercial tradicional no puede abordar este tipo de financiación, ni por el plazo ni especialmente por el tema de la política de riesgos y de las garantías que considera necesarias. Entonces, ¿si no podemos ir a una oficinas bancaria convencional a por ese 50% que nos falta, a dónde acudimos?

En esta fase, la financiación tiene que ser de origen público, es decir con fondos procedentes de presupuestos nacionales o europeos destinados a tal fin. Destaco en este sentido, la línea de Microbank de Caixabank, las de las sociedades de garantía recíproca, por ejemplo una de ellas sería Avalmadrid con su línea especial de emprendedores (en este caso, no movilizan directamente los recursos pero proporcionan un aval para poder acudir a una oficina bancaria tradicional) y muy especialmente Enisa y el CDTI en sus líneas de financiación de la I+D+i y programas Neotec.

 


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