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Y después del Coronavirus… La inflación

No, no se trata de una nueva cepa, pero sí el anuncio de que algo como el comportamiento de la inflación que históricamente tiene brotes, en la actualidad esté dando síntomas que hagan que empiece a dolernos la cabeza, y cómo no, nuestros bolsillos. 

Pero antes de nada, ¿qué se entiende por inflación?

¿Qué es la inflación?

Si acudimos al diccionario de la RAE, su primera entrada la denomina como “acción y efecto de inflar”, y en su cuarta entrada la define como “la subida generalizada de precios de bienes y servicios”.

Utilizo ambas entradas del diccionario porque mentalmente nos permite visualizar el concepto, me explico: Imaginemos, que los precios son un globo, Si empezamos a inflar un globo con otras personas cerca, las primeras expiraciones no suponen problema alguno, pero a medida que el plástico se tensiona por la entrada de aire, empezaremos a observar cómo a los que están alrededor nuestra empiezan a cambiar el semblante y a preocuparse por cómo les puede afectar que esa tensión vaya aumentando. Pero no nos olvidemos que también sería preocupante cuando a pesar de insuflar aire tuviese un agujerito por donde éste se escapase. 

Los equipos económicos de los gobiernos y de los Bancos Centrales, de todos los países siempre están alerta a la evolución de los precios y publican periódicamente a través de sus departamentos estadísticos, el comportamiento de los mismos.

En el caso  de España, el Instituto Nacional de Estadística revisa periódicamente el Índice de Precios al Consumo, analizando el precio de 479 artículos en 29.000 establecimientos distribuidos por todo el territorio nacional. 

Esos artículos (cesta de productos) se aglutinan en varias categorías a las cuáles se les asigna una ponderación, y se calculan así tasas de variación mensuales, anuales e interanuales, que nos permiten conocer si los precios suben o bajan.

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Desde que el ser humano le dio valor a lo que producía, se vienen generando alteraciones constantes en los precios. Es más hay, que descartar que las subidas de precios sean siempre malas, ya que está demostrado que tasas interanuales del IPC entre el 2% y el 3%, suponen una inflación controlada y llevan aparejado que la economía crezca de una forma “saludable”, generando empleo.

El problema estriba cuando la subida del IPC no viene acompañada de subidas proporcionales de los ingresos del ciudadano vía sueldo o vía rentas, lo que conlleva una pérdida de su poder adquisitivo. (Un familiar siempre que se le hablaba de inflación, recurría al chiste fácil que a él le daba igual puesto que le iba a seguir echando 20 euros de gasolina a su vehículo, pero claro no contaba que iba a tener que ir más veces a repostar).

Lo mismo ocurre con las empresas que no pueden trasladar el incremento de los costes de los factores de producción al precio de sus productos finales, repercutiéndolo sobre los consumidores (puesto que de hacerlo supondría en la mayoría de las ocasiones una caída de la demanda), y no les queda más remedio que estrechar su margen de negocio. El problema se agudiza cuando la subida deja de ser conyuntural y pasa a ser estructural.

Ahora que nos toca tan de cerca el volcán de la isla de La Palma, al igual que para los vulcanólogos el comportamiento de los seísmos puede anticipar el desarrollo de los acontecimientos magmáticos, ¿qué están detectando los “vulcanólogos” económicos en estos momentos? Pues que todos los factores que incrementan la inflación están coincidiendo en el mismo espacio temporal, lo que está provocando su aceleración a nivel mundial.

Concretamente, en España estamos llegando a máximos de la tasa interanual de inflación de los últimos 13 años: si en agosto era del 3,3% en septiembre es del 4%. Y aunque todos deseáramos que fuese un simple calentón coyuntural (como opinan algunos gobiernos), ni en España, ni en el resto del mundo se augura un cambio de tendencia, lo que podría apuntalar a que se consolidase en el tiempo y pasase a ser estructural:

  • Aumento exacerbado de las políticas monetarias expansivas por parte de los Gobiernos Centrales y Reserva Federal Americana, con inyecciones de liquidez comprando deuda emitida por sectores públicos y privados, que si bien han permitido mantener los tipos de interés bajos, estimulando el consumo y la inversión, se han nutrido de subidas de impuestos y del incremento exponencial de la emisión de deuda comentada.
  • Situación actual de tipos de interés bajos, lo que facilita el acceso al crédito a personas y empresas, incrementando el consumo y el nivel de endeudamiento.
  • Se empieza a detectar que algunos gobiernos, empiezan a establecer controles de precios sobre determinados productos y servicios, por lo que las empresas que los producen se ven afectadas y en lugar de estrechar su margen, directamente dejan de producirlos, aunque sea de manera temporal, generando desabastecimientos y cuellos de botella.
  • Subida del coste de los factores de producción: petróleo, gas natural, acero, madera, cobre, etc., que además de afectar al precio del consumidor final, también pueden conllevar a la reducción de la oferta y por ende al desabastecimiento.
  • Subida desaforada de la demanda como consecuencia por un lado del ahorro generado durante la pandemia, y por otro y más importante más si cabe, también porque el consumidor prefiere comprar ahora ante una expectativa clara de incremento de la inflación. Demanda que como hemos visto desborda las capacidad de generación de Oferta por parte de los productores
  • Elevado gasto por parte de los Gobiernos para mantener el nivel de vida de los afectados económicamente por la pandemia vía Subvenciones, ERTEs, incremento de la oferta de plazas de funcionarios. 

Si los factores/problemas que acabamos de comentar, se consolidan en el tiempo, podríamos empezar a atisbar un escenario de estanflación (coexistencia de aceleración de la inflación con decrecimiento del Producto Interior Bruto en más de trimestres consecutivos), lo que dibujaría un panorama aún más desalentador si cabe, y sobre el que prefiero pasar página.

Volvamos sobre inflación. El Nobel de Economía en 1976 y asesor económico de varios presidentes de EEUU, Milton Friedman, proponía como la mejor solución posible para frenar la inflación, la reducción de las políticas monetarias expansivas por parte de los países, dejando de comprar los Gobiernos Centrales y Reservas Federales, deuda pública y subiendo los tipos de interés. 

Esa teoría económica que podría parecer cosa del pleistoceno, resurge con fuerza en la actualidad, e incluso la han renombrado con el término “Tapering”. En todos los medios especializados podemos ver ya este anglicismo, que a los españoles nos suena a algo parecido a “poner la tapa a algo”.

Esta solución podría ser la idónea si todos los sectores económicos estuviesen creciendo en este período postpandémico al mismo ritmo, pero ni todos los sectores crecen y ni algunos les ha dado aún tiempo a arrancar. Si a dichos sectores, se les retiran los  estímulos mediante ayudas o les dificultamos el acceso al crédito con las subidas de tipos de interés, que acarrea la puesta en marcha del Tapering, les estaríamos imponiendo un importante freno, lastrando claramente una hipotética recuperación del PIB.

En definitiva, retomando lo que comentaba en el primer párrafo de este post, y al contrario de lo que ha ocurrido con el Coronavirus, se antoja  muy difícil encontrar una vacuna para atajar todos los factores que están concurriendo, y caso que se descubra será paradójico ver que la que es válida para unos países, no lo es para otros, e incluso se desconocen los efectos secundarios que pueda tener.

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